Peregrina (Parte II)
Segundo llamado: “Mamallanchic Rosario”
La peregrinación a la Mamacha del Carmen fue un punto de inflexión. Allí me di cuenta de que, en alguna medida, seguía profundamente conectada con Jauja, la cuna que me vio crecer. Señalo esto porque, curiosamente, otra de las advocaciones marianas de gran relevancia se encuentra en Paucartambo: la Virgen del Rosario, quien llega en época colonial alrededor de 1660. Aunque en Jauja no se precisa con exactitud su arribo, el historiador jaujino Carlos Hurtado señala que habría sido hacia el siglo XVI. Cabe indicar que, en aquel tiempo, esta advocación mariana fue destinada a varias ciudades como obsequio de los reyes de turno.
En Jauja, la celebración de la Mamallanchic[1] del Rosario es grandilocuente, pues es patrona tanto de la ciudad como de la provincia. Recuerdo que, de niña, cada vez que se acercaba el primer domingo de octubre, en casa se comentaba quiénes “pasarían la fiesta”, sobre todo el día central. Mi abuela decía que existía un libro de actas, custodiado por la Archicofradía, donde los feligreses se inscribían, y que la lista era larguísima; ya en aquel entonces alcanzaba hasta el año 2030. Un día, mi mejor amiga de la infancia me contó que su familia pasaría la fiesta junto a su mamá y hermanos, y que para el 2024 sería su hermana quien asumiría ese honor.
Después de mudarme a Lima, dejé de asistir a muchas celebraciones en Jauja: la Tunantada, los carnavales, la Semana Santa, el aniversario del colegio, la Virgen del Rosario, entre otras festividades. Por eso, en la última década, se fue gestando en mí una necesidad profunda de reconectar con mis raíces y con el sentido de pertenencia desde el sincretismo; no solo con Jauja, sino también con otras ciudades que, a lo largo de los años, despertaron mi curiosidad y mi intuición.
Con ilusión me preparé para la fiesta de la Mamallanchic en el 2024. Al ser la hermana de mi amiga la principal alférez, tenía la certeza de que cuidarían cada detalle de la celebración, incluyendo el rescate de prácticas que se habían ido perdiendo con el tiempo.
Cabe mencionar que, previo a la fiesta, se realiza la novena, que consiste en el rezo del rosario y una misa ofrecida por algún feligrés con una intención particular. Esto ocurre siempre al caer la tarde, alrededor de las seis de la tarde, en la Iglesia Matriz de Jauja, y al finalizar es común que se regalen pancitos mollete[2] horneados a leña.
Uno de los espacios rescatados fue el manto velay[3], que se realiza un día antes del día central. Consiste en convocar a los feligreses en la casa para rezar el rosario, compartir un lonche tradicional y, posteriormente, trasladar el manto y los accesorios de la Virgen y del Niño. Estos son paseados por las calles principales y llevados a la Iglesia Matriz, donde serán vestidos públicamente. Durante ese recorrido se ofrecen los tradicionales dulces jaujinos —alfajores, aldabas, roscas y pancitos de maíz— acompañados de chicha de jora y maní.
Al caer la noche, los alféreces brindan una serenata al estilo jaujino, con castillón[4], toritos, banda, calientitos y baile en ronda. Es un momento de celebración dedicado a la Virgen, a la fe, al encuentro y al reencuentro con amistades y familiares.
El domingo todo comienza temprano. Se estila reventar cohetes al alba como anuncio de que ha llegado el día central. Alrededor de las nueve o diez de la mañana se celebra la eucaristía y, posteriormente, se saca a la patrona en anda para recorrer las calles principales de la ciudad de Jauja. La procesión es acompañada por la banda; algunas familias arrojan pétalos de flores desde sus balcones o levantan pequeños altares frente a sus casas para recibir a la Virgen. Al finalizar el recorrido, cuando está a punto de ingresar nuevamente al templo, se le hace bailar una pandilla jaujina[5]. Ese momento es memorable: ver a tu patrona deleitarse con el tradicional carnaval. Luego se invita a un almuerzo típico y la celebración se cierra, nuevamente, con pandilla.
El sincretismo se vive de distintas formas, tanto en el sur como en el centro del país, y esto lo voy confirmando a través de estas vivencias, que influyen profundamente en la construcción de mi espiritualidad y en mi retorno a las raíces.
Esta experiencia no solo fue un reencuentro con la fiesta, sino también con mi infancia, con mi abuela Alicia y con la fe.
[1] Mamallanchic, significa “nuestra mamita”
[2] Mollete, pan típico jaujino, se realiza exclusivamente en la fiesta de la Virgen.
[3] Monte velay, velar el manto que lucirá en la fiesta.
[4] Castillón, toritos, son estructuras pirotécnicas.
[5] Pandilla jaujina, es el carnaval considerado el más elegante del país.