Peregrina (Parte I)
“Kayqa mamay chayamuyku;
Paucarcolla llaqtaykumanta;
qolla kaspapas, llamero kaspapas[i]”
¿Quién no ha sido tentadx? Diría que todxs, en alguna medida, lo hemos vivido. Y también, en algún momento, hemos admitido: “no me resistí… y sucumbí”.
Corrían los años 2000. Estudiaba Comunicaciones en una universidad pública y uno de mis pasatiempos favoritos era leer crónicas y reportajes gráficos. Un día, mientras revisaba un artículo, me encontré con una imagen que me dejó suspendida: una comparsa de personajes sobre un tejado, rostros alegóricos de animales con voluminosas melenas, retorciéndose y huyendo de la luz. No entendía qué sucedía… hasta que supe que eran los Saqras de Paucartambo, Cusco, una de las 19 danzas que rinden pleitesía a la Mamacha del Carmen cada 16 de julio.
Ese día, la Virgen recorre las calles de la provincia, y las fotografías que vi correspondían a su ingreso a la plaza. Los Saqras, diablos traviesos y tentadores, tientan a la Virgen y al pueblo que la acompaña, pero nunca la miran de frente. Solo pueden hacerlo —y sin máscaras— cuando entran a la iglesia. Parecerá extraño, pero siento que aquel día ellos me tentaron, como un antiguo incubus[ii].
Su llamado volvió en octubre de 2022. Planeaba mi 2023 y me hice una pregunta: “¿Qué deseo vivenciar y aún no lo he hecho?” Entonces apareció la imagen de la Mamachita[iii]. ¡Veintitrés años habían pasado! Y me dije: “Hay que darle prisa… la vida es ahora”.
Ese mismo día comencé a escribir a mis contactos en Cusco para averiguar detalles. Fiel al gallo[iv] que me custodia en el calendario chino, aseguré mi pasaje. Lo demás vendría por añadidura… o por incertidumbre. Porque así son las fiestas populares: no todo se planifica con antelación; mucho se acomoda sobre la marcha. Me tocaba confiar.
Ese viaje, fue realmente mágico, me reconfiguró la perspectiva de vivir. Mi vida había sido un tejido del esfuerzo permanente: Si deseo algo, trabajo y lo consigo, todo es cuestión de perseverar y disfrutar el camino (eso lo añadí con el tiempo, para brindarme más liviandad).
La travesía de ese viaje fue un recordatorio: “De lo siempre posible”, no tuve que “preocuparme y ocuparme tanto”, todo se resolvía sin tanto encono. Éramos cinco mujeres en un roadtrip[v], fuimos una Chaska[vi] de cinco puntas, mujeres en su propio peregrinaje, confluyendo entre cantos, anécdotas, rezos y contemplaciones que nos dejaban perplejas. Cada una encontraba respuestas o nuevas preguntas.
Desde que tengo memoria, no había vivenciado algo así: sentir la fe en el cuerpo. Estremecerme. En Paucartambo, más de 50 mil personas —entre locales y visitantes— se dejan llevar por el pulso de esta gran celebración. La fiesta tiene una gran ánima, todo te habla, te susurra, te guía. Las calles, las interacciones con los habitantes, danzantes, músicos, es un juego sin fin, como si armaras la comparsa de tu propia vida.
La vivencia me llevó al silencio. Ya no sentía la necesidad de decir tanto como solía. Mis ojos se humedecían, mi corazón palpitaba en cada encuentro. Había algo familiar en entrar a las casitas o a los cargowasi[vii] y escuchar tararear a Los campesinos[viii]. Para ese entonces, llevaba ocho meses de duelo: mi padrino —hermano de mi madre— había partido en noviembre del 2022. Él vivió un tiempo en Cusco y, poco antes de partir de este plano, viajó a ver a sus compañeros del Ciencias[ix] por su aniversario, como si fuera a despedirse. En ese viaje lo sentí presente, caminando conmigo, alegre, triste y dulce, a la vez.
Sin duda, ha sido un viaje iniciático. No tengo certezas de lo que vendrá, ni hambre de tenerlas. Solo deseo seguir resonando con lo intuitivo. Y recuerdo lo que me dijo el oráculo de Chaupin[x], gracias a Elbi Bravo, en aquellos días:
“Impecabilidad. Decir lo preciso… tus ancestras te cuidan.”
Continúa…
[i] Aquí estamos, Madre mía, hemos llegado desde nuestra tierra de Paucarcolla; siendo Qollas, siendo llameros. Llamero kaspapas, es una canción que entonan los Qhapaq Qolla (danzantes) cuando ingresan a saludar a la Virgen del Carmen.
[ii] Incubus en latín, demonio que tienta a las mujeres.
[iii] Mamachita, diminutivo de “mamacha” una expresión en los andes para referirse a la virgen o una mujer madura.
[iv] Gallo, décimo animal de los 12 animales emblemáticos del Horóscopo chino que custodia el orden.
[v] Roadtrip, viaje por carretera.
[vi] Chaska en quechua, significa estrella.
[vii] Cargowasi, las casas de cada danza.
[viii] Los Campesinos (1966), grupo musical del folclor andino.
[ix] Colegio Ciencias del Cusco, gran unidad escolar fundada en 1825.
[x] Oráculo de Chaupin, Se compone de 42 símbolos que sintetizan la ciencia y la iconografía que empleó la sociedad Andina ancestral en sus sistemas de escritura, lectura y depósito de información desde el Origen de la Vida.